martes, 21 de septiembre de 2010
la lección del alumno
Cuando ya guanchankein vagaba por el oeste,conoció a un hombre con el que compartió algunos
cuantos pasos por esos caminos áridos y polvorientos.
Un día,por alguna frase ,o alguna imagen,sonó alrededor de guanchankein ese abanico de
caireles que marcaban la separación de las épocas ,del presente y del pasado
y se remontó a sus recuerdos del templo shaolin en donde era él,pero en realidad era otro
actor (este último dato carece de importancia).
Bueno ,el hecho ,es que embebido en remembranzas le contó al hombre ,mientras caminaban
,que en su juventud había tenido un maestro ciego ,que tenía cinco guijarros en una mano,
sentadito justo a las puertas de salida del templo.
Durante mucho tiempo y a intervalos regulares el maestro extendía la mano y le ofrecía los
guijarros a guanchankein y cuando este los iba a tomar,el maestro cerraba la mano justo
antes ,se quedaba con los guijarros en el puño cerado y le decía que aun no estaba listo
para salir.
Pasó largo tiempo hasta que guanchankein los tomara,el tiempo suficiente para que
guanchankein entendiera o creyera entender varias razones p0r las cuales debía resolver
dicha prueba.
El maestro,entretanto, actuaba con la celeridad y la justicia de una máquina,no aceleraba
ni entorpecía el cerrado de la mano,lo hacía estadísticamente a la misma velocidad y en esta
velocidad no dominaba el sentimiento humano de la piedad (cosa que el discípulo saliera
antes a la libertad),ni el de la furia (que servía tanto para que no se fuera nunca y
siquiera padeciendo los rigores del templo, o que saliera sin prepararse para el mundo
exterior).
Era difícil,porque había que descifrar ,la mínima alteración en el pulso del maestro antes
de cerrar la mano ,ver la luz que trasladaba la orden por las dentritas neuronales y llegaba
al musculo,la imperceptible alteración en la inhalación que delataba con sus olor a
adrenalina que guanchankein decidía el manotazo.
Le llevo años,deducir las variables del maestro y neutralizar las emociones propias que
hacían más ruidosos sus latidos ,que aumentaban la humedad que emanaba y que el maestro
detectaba infaliblemente.
Costó, le llevo años,frustraciones ,amarguras,broncas,desasosiegos,insomnios,cansancios.
Alguna vez inclusive sintió odio por el maestro a quien consideraba un carcelero cruel y
perverso.
Pero el maestro era justo,preciso,indiferente,desinteresado,solo manejaba un código que
resultaba en un tiempo medido e idéntico: el de la velocidad de sus reflejos.
Cuando guanchankein logró conocer esta medida se sintió raramente felíz y lo compartió en la
charla con el hombre que lo acompañaba.
El hombre lo miró con gran seguridad y sin dudar le dijo: ¡qué imbécil!,¿podrás acaso
explicar para que mierda te sirve haber perdido tanto tiempo en eso?,¡ni un par de zapatos
podés tener!...¡idiota!, y lo que más me enfurece es que recuerdes a ese japonés del orto con
respeto!!...¡¡¡ qué japonés tan hijo de puta!!!
Guanchankein,lo interrumpió y le dijo: pero no era japonés era un maestro chino...
¡callate ,pelotudo,¿no ves que estoy hablando yo?,¡me tenés las bolas llenas desde hace días
contándome todas tus mierdas y la vez que hablo yo me tenés que interrumpir, la concha de tu
madre!!!!
Guanchankein calló,y el aprendizaje fue : me tendría que haber callado ,cuando empecé a
caminar, no era una ecuación de tiempo solamente mi respuesta era además un pacto de
silencio y de respeto hacia mi propia historia.
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